La Inigualable Experiencia de Tocar una Ballena

Autor:
Fernando García Castro

Avistamiento de Ballenas

Mi familia decidió tomar unas merecidas vacaciones, con el principal propósito de distraernos y pasar una semana fabulosa, tratados como reyes, en las impecables instalaciones de uno de tantos fantásticos hoteles en Los Cabos (como supongo, es el mismo deseo de mucha gente que escoge tomar un tiempo de diversión y descanso).

Los CabosDisfrutar de días de alberca, sol, buenos bronceados y hacer castillos de arena o actividades de playa entre todos; comer rico, hacer los clásicos paseos por la zona, y si nos iba bien, comprar algunos recuerdos para nosotros mismos, o para la familia que se había quedado en la Ciudad de México. No estaba en los planes originales del viaje enterrar a mi papá en la playa y hacer la figura de una despampanante sirena sobre el voluminoso montículo que formaba su cuerpo cubierto de arena, pero sin duda, fue de las cosas más divertidas que hicimos entre todos: mamá, a regañadientes papá, mis hermanos y yo, resultando ser una de las fotos que más causaron risa a quienes la pudieron ver una vez que regresamos del viaje.

Los CabosComimos delicioso durante los siete días, recorrimos las marinas, calles y tiendas en las poblaciones de Cabo San Lucas y San José del Cabo, y el buen clima nos dio la oportunidad de disfrutar de los atardeceres más espectaculares que he visto en toda la vida. Los pequeños de la familia, es decir mis hermanos y yo, nos divertimos muchísimo, porque hicimos nuevos amigos que teníamos que disfrutar al por mayor, porque el gusto sólo nos iba a durar una semana, pues al terminar las vacaciones cada quién se iría a su lugar de residencia: nosotros a la Ciudad de México, y algunos de los del clan de juegos regresarían a Monterrey, Saltillo, o incluso a los Estados Unidos y Canadá. El inglés que había aprendido en la escuela, especialmente ese año, me dio lo suficiente como para practicarlo y ser el "cabecilla" de los chavos mexicanos, al poder ser el líder de juegos porque me daba a entender con los dos bandos.

Avistamiento de BallenasEn algún momento del viaje, mis papás hicieron reservación para algo que aunque sonaba muy interesante, no nos pareció muy agradable al principio, y es que no queríamos dejar el hotel ni a nuestro grupo de amigos por nada del mundo. Ni siquiera para ir a la famosa excursión del Avistamiento de Ballenas, un clásico de invierno en las costas del Mar de Cortés.

Avistamiento de BallenasLlegaron el día y la hora. Muy temprano en la mañana nos subimos a la embarcación, nos pusieron los chalecos salvavidas mientras nos daban la explicación de lo que íbamos a ver, y arrancamos mar adentro. Avanzábamos y desde el principio yo iba muy ansioso: deseando, desde el momento en que nos subimos al barco, ver a las grandes ballenas cerca de mí. Tenía miles de expectativas porque solamente las había visto en caricaturas hasta ese momento, y no tenía idea, aunque lo imaginaba, del tamaño real que pudieran tener, o si verdaderamente tenían aquellas gigantescas cabezas, o si echaban o no los famosos chorritos de agua por la nuca, tal y como las pintan en ilustraciones y en los dibujos animados de la tele.

Avistamiento de |"No están tan cerca de la orilla", nos fue diciendo el guía, por lo que mientras más avanzaba la lancha, yo estaba celoso de cuánto se podrían estar divirtiendo en la alberca aquellos que se quedaron en el hotel. De pronto, empezamos a ver chorros como géisers saliendo del agua, ya a muy poca distancia de nosotros. Mi mamá de un grito nos espabiló a todos y empezó a preparar la cámara. Al grito de "¡Ahí están!", "¡Ahí están ya!" nos volteó la cabeza hacia donde se veían movimientos que hacían oleaje y los chorros bufadores de la respiración de las ballenas. Efectivamente, ahí estaba lo más emocionante que había yo visto hasta el momento.

Avistamiento de BallenasLa lancha desaceleró su marcha, y el guía hizo las previsiones necesarias para hacer saber al capitán si podíamos seguir avanzando. Las ballenas son tan curiosas y cautas de las embarcaciones y de sus humanos tripulantes como uno mismo. Al hacer contacto, su naturaleza bonachona sale a la luz y como si se dieran cuenta de que es un encuentro amistoso, no intentan hacer daño alguno a los curiosos. Todo lo contrario, empiezan a regalar graciosos juegos y las espectaculares vistas completas de sus enormes colas totalmente fuera del agua. ¡Son, simplemente impresionantes! ¡Parecen aviones, nomás que debajo del mar!

Avistamiento de BallenasNos dejaron entrar en su "patio de juegos", ¡y es que era toda una familia en acción! Lo que más recuerdo es cuando después de ver una enorme mancha gris debajo de la lancha, una de ellas se asomó de costado y dejó ver su gran ojo justo frente a mí. El ojo era del tamaño de mi mano, no, de mi brazo completo… ¡ya ni sé!, porque el ánimo excedido y la adrenalina a borbotones, de pronto le ganaron a mi percepción de la realidad.

Avistamiento de Ballenas Los CabosAterrados, pero con toda la confianza que nos dio el guía, el enorme animal que estaba tan confiado y tranquilo ¡nos permitió a los que estábamos más cerca darle unas palmadas cariñosas! Pocas, sin engolosinarme, pero pude tocar la piel del animal, entre mojada y con la textura, me acuerdo, como de esos trajes que usan los buzos. Un poco más rugosa la superficie, y definitivamente mucho más excitante la experiencia, sólo de pensar que se trataba de un animal tan grande que con un coletazo nos hubiera mandado derechito al fondo del mar.

Avistamiento de Ballenas Los CabosDurante esos momentos y hasta la despedida de nuestros nuevos amigos cetáceos, ni quién se acordara de los amiguitos que se quedaron en el hotel, para ser sinceros. Pero eso sí, tuvimos muchas fotos para enseñarles de regreso, y nos tomó toda una tarde contarles nuestra gran experiencia, como de exploradores en alta mar, con las enormes y fabulosas ballenas que viajan, juegan, se reproducen y nacen en las aguas donde se juntan el Océano Pacífico y el Mar de Cortés.

Los CabosDefinitivamente, es una experiencia que repetiría con gusto con mis hijos, cuando los tenga. Los llevaré al mismo sitio en Los Cabos a ver de cerca a las ballenas, sólo por el gusto de verles la carita de entre miedo y agradable sorpresa que seguramente yo puse en aquellos momentos que jamás olvidaré.

Conoce también otros destinos como Cancún, Acapulco, Manzanillo, Mazatlán o Puerto Vallarta ya que te ofrecen divertidas y fabulosas excursiones en las hermosas aguas de México.

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