Artesanías en Oaxaca: Expresión Tangible del Alma de los Pueblos

Autor:
Miguel Ángel Hernández

En mitad de un pesado día de trabajo, cansado del anonimato y frialdad de mi –aún así- querida ciudad, y después de consultar a través de Internet las opciones de alojamiento y reservar habitación por ese mismo medio, regresé a casa y tomé mi mochila para llenarla con sólo lo más indispensable para emprender un viaje de cuatro días con destino a Oaxaca.

Artesanías en OaxacaDesde el momento en que la idea comenzó a rondar mi mente, tuve bien claro que la corta estancia no sería suficiente para abarcar todos los aspectos culturales que se manifiestan en forma esplendorosa en Oaxaca: música, danza, pintura, sitios arqueológicos e iglesias; así que para este viaje opté por abocarme al aspecto más tangible, al que me permitiría volver con tesoros a casa: las artesanías.

Oaxaca - ArtesaníasLlegué a mi hotel por la tarde, con clima templado y aún bastante luz solar, así que emprendí la marcha hacia mi primera parada, el pueblo de Arrazola Xoxo. Por la cercanía que los distintos poblados de los Valles Centrales tienen con respecto a la capital del Estado, antes de darme cuenta, ya estaba en el pequeño y pintoresco pueblo; al bajar del taxi, había un pequeño niño que amablemente se ofreció a llevarme a recorrer todos los talleres del lugar. Este pueblo se especializa en la creación de Alebrijes, caprichosas figuras multicolores talladas en opalillo, una madera resinosa y noble que da lugar a extraños seres salidos a la vez de un sueño o de una pesadilla. Cada familia me abrió las puertas de su casa y presumió las figuras que ellos consideraban exclusivas de su taller.

Al otro día, ya bastante tarde por cierto, me apresuré al centro de la ciudad, al mercado 20 de Noviembre y comí una deliciosa Tlayuda de tasajo con quesillo, un vaso con agua de tejate y me encaminé hacia San Bartolo Coyotepec, pueblo famoso por su producción de Cerámica de Barro Negro. No tardé más de 20 minutos en llegar, y aunque ya había oscurecido, encontré muchos talleres aún abiertos.

Barro Negro en OaxacaPude darme cuenta de que en Oaxaca todos lo artesanos trabajan con las puertas abiertas, pues en términos generales, es un Estado muy seguro. En este pueblo, hallé un sinnúmero de piezas de las más diversas formas y estilos, desde rosarios hechos con pequeñas cuentas, bellos collares y pulseras, hasta los tradicionales jarrones y vasijas de gran tamaño, lo mismo que lustrosas representaciones de todo tipo de animales que parecían cobrar vida. En todos los casos pude observar el gran cuidado que se tiene por los detalles, las texturas y la utilización del paso de la luz a través de las figuras.

Textiles sarapes OaxacaAl día siguiente, ahora sí mucho más temprano, realicé una visita al sitio arqueológico de Mitla y de regreso, visité el sencillo pueblo de Teotitlán del Valle, mundialmente famoso por sus textiles presentados en diversas formas: sarapes, tapetes, manteles y bolsas. Todos elaborados artesanalmente en antiguos telares de madera, denominados “de pedal” por ser esta su fuerza motriz, empleando para ello gruesos hilos de lana teñida con colorantes naturales, obtenidos de su mismo entorno. Antes de llegar al centro, aproveché para visitar Santa María El Tule, en donde afuera de una pintoresca capilla, se encuentra un gigantesco árbol de casi 40 metros de altura y aproximadamente 2000 años de edad.

Noche de RábanosEl último día de mi estancia, un día antes de Nochebuena, fui testigo de una manifestación artística no muy conocida: la llamada Noche de Rábanos, que consiste en una especie de mercado que se instala en el zócalo de Oaxaca y que tiene por esencia el tallado y armado de diversas formas, generalmente humanas, pero también de animales, flores y plantas, utilizando rábanos, totomoxtle (la cáscara del elote) y un tipo de flor llamada Inmortal. Estas figuras son compradas por los lugareños con la finalidad de adornar la mesa de su casa durante las festividades de fin de año, y para los campesinos tiene el beneficio adicional de constituirse en concurso, en el que la figura más bella y elaborada obtiene un premio especial.

Por supuesto, todo mi viaje estuvo acompañado del tradicional mezcal y de la comida típica de la región, que ofrece numerosas y exquisitas opciones, pero ello merece un artículo aparte. Evidentemente, mi visita terminó mucho antes de lo que yo hubiese querido, sin embargo, ese no es mas que un pequeño pretexto – por demás innecesario –  para volver a la inolvidable Oaxaca.

 
Escrito por Miguel Angel Hernández Sánchez