Mi Primera Navidad en México

Autor:
Matthew Kirk

Navidad en Mexico

La Navidad siempre ha sido una de mis fechas favoritas del año. Creo que soy afortunado, pues tengo tantas memorias maravillosas de mi infancia que cada año inundan mis pensamientos cuando veo las pequeñas luces de colores titilando, o cuando percibo el olor a pino en una mañana fría de invierno. Recuerdo con claridad el crujido de la nieve bajo mis pies, o cuando mi papá, mi hermana y yo nos deslizábamos por las montañas, amontonados en un solo trineo alcanzando lo que me parecían velocidades vertiginosas. Como podrán imaginarse, después de haber crecido en Inglaterra, estaba un poco nervioso por lo que sería mi primera Navidad en mi nuevo hogar, un pequeño poblado de Tlaxcala llamado Santa Anita Huiloac.

Navidad en MexicoEn fin, no debí haberme preocupado tanto, ya que esa y todas las consecuentes Navidades que he pasado en México, han sido realmente las mejores de mi vida; diferentes a las que estaba acostumbrado, sí, pero con los mismos sentimientos de alegría, felicidad y amor que prevalecen en esta época del año. Recuerdo que en una ocasión, me quedé pasmado en medio del centro del pueblo contemplando con asombro la abundancia de colores y matices por doquier. Por todos lados veía piñatas ondeando suavemente bajo el cálido sol de invierno, nochebuenas de un intenso color rojo que llenaban los aparadores de las tiendas, y oía los llamados de los vendedores en la calle anunciando que ya había llegado la Navidad.

Navidad en MexicoUna cosa es un hecho; a los mexicanos les gusta celebrar la Navidad a lo grande y comenzar con los festejos cuanto antes. El 16 de diciembre empiezan con la primera de nueve posadas. Para aquellos que no sepan qué es una posada, les explico que es una fiesta donde se juntan amigos y vecinos para celebrar, poniéndose de acuerdo para ver donde se festejarán cada una de las siguientes posadas. Hacen una especie de procesión visitando otra casa mientras sostienen una vela y cantan una canción tradicional pidiendo posada para María y José. En la Nochebuena, el 24 de diciembre, la procesión llega por fin a la última casa, donde los esperan con las puertas abiertas en la fiesta que suele ser la más grande de todas.

Navidad en MexicoMi primera posada culminó en la casa del primo de mi esposa, una vieja hacienda a las orillas del pueblo, decorada espléndidamente hasta el último detalle. Al momento de entrar nos encontramos con un árbol gigantesco, pero no tan impresionante como el intrincado decorado del nacimiento que parecía ser una parte muy importante de la celebración de Navidad en México. Un delicioso aroma a ponche casero perfumaba  toda la casa calentando nuestras manos y nuestro espíritu. Para alguien como yo, que vengo de una familia pequeña, fue todo un acontecimiento ver a tanta gente emparentada en un mismo lugar. Había hermanos, hermanas, tías y tíos, parientes políticos, abuelos y demás. Se podía oír el murmullo de chicos y grandes platicando alegremente, cantando y riéndose envueltos en un espíritu de calor y unión familiar.

Navidad en MexicoDespués de haber bebido un poquito más de la cuenta y sintiéndonos ya un tanto mareados, regresamos a la casa de los padres de mi esposa. En ese momento eran como las 10:30 de la noche y yo pensé inocentemente que ya era hora de dormir, pero ¡cual fue mi sorpresa! Otra gran diferencia entre Inglaterra y México, nosotros celebramos la Navidad con una comida especial a medio día el 25 de Diciembre, y en México se come una enorme cena a la media noche del 24. Para mi asombro, de pronto sacaron un gran y apetitoso pavo, un platón de un pescado medio salado llamado Bacalao, y una deliciosa ensalada de manzana. Nuevamente volvieron a aparecer algunos parientes y amigos de quién sabe donde. Hicimos un intercambio de regalos y pasamos el resto de la noche comiendo y bebiendo alegremente hasta que el último rezagado finalmente se marchó a su casa y el sueño nos invadió.

Navidad en MexicoFue una Navidad para recordar por siempre. Claro, la comida y las costumbres son un poco diferentes y la impresionante locación, entre los cerros de Tlaxcala, también, pero en general, mi primera Navidad en México no fue tan diferente de las demás. Intercambiamos regalos, comimos en abundancia y nuestros parientes y amigos pasaron a saludarnos y desearnos feliz Navidad. En fin, creo que estar rodeado de la gente que uno más quiere en el mundo es el mejor regalo que cualquiera puede recibir.