
Cañones profundos, vistas conmovedoras, aldeas remotas en la montaña, morada de los indios Tarahumaras. Estas son grandes razones para conocer las Barrancas del Cobre. Pero en esta área pretérita de la Sierra Madre en México, el cielo agrega otro estímulo para hacer el viaje.
Distante de las luces de ciudades, las noches de las Barrancas del Cobre son claras y oscuras al mismo tiempo: mirando hacia el cielo, se pueden admirar maravillosos meteoritos, planetas, estrellas y en ocasiones especiales este paraíso brinda exhibiciones espectaculares como lluvias de estrellas o el paso de algún cometa. Cerrando los ojos se puede gozar del aire más puro que jamás haya respirado e instantáneamente el oído desarrolla su instinto: el lejano sonido de tambores recorre las altas serranías llevando su enigmático mensaje a través de los cañones, estos ecos que viajan por la inmensa negrura provienen de las cuevas, hábitat natural de los Tarahumaras desde tiempos inmemoriales.
Mientras la luna hace su travesía, el paisaje conquista a los turistas que buscan menos bullicio y más calma en sus vacaciones. Los hoteles, respetuosos del entorno, acompañan las veladas organizando fogatas o alguna noche bohemia para integrar a sus huéspedes. La vida nocturna en las Barrancas del Cobre es un espectáculo en sí mismo, lejos de ofrecer la agitación típica de las discotecas, la propuesta es poner de fiesta los sentidos. Ser partícipe silencioso de este show cósmico es un placer que sólo puede ser vivido a través de la propia experiencia.
Cielo de Cerocahui
En este paisaje se recomienda desarrollar el sentido del olfato, ya que Cerocahui se ubica en un fértil valle sembrado con viñedos y huertos de manzana rodeado por la Sierra Madre. En la noche, usted puede deambular por los jardines y huertos del hotel de su preferencia para exaltar la experiencia, o simplemente acomodarse frente a alguna chimenea en el lobby o en su habitación, disfrutar una cena en el comedor o relajarse en el bar.
Cielo de Divisadero
En este punto panorámico, las estrellas se ven tan claras que uno siente que podría alcanzarlas y tocarlas. En algunos hoteles de las Barrancas del Cobre, las noches se transforman en bohemias, con guitarras y canciones para conocer nuevos amigos y compartir las experiencias del día. Una vez aquietados los ecos ambientales, el desafío al que se enfrenta el viajero en la noche de Divisadero, es encontrarse cómodo frente al profundo silencio. Consiga un instrumento autóctono para honrar a la Tierra y atrévase a vivir emociones verdaderamente diferentes.